




fotografía de Raquel Almaguer y Carlos Rojas "Toalla"
Colectivo Idiota y Sobreviviente Indigentearte (C.I.S.I.)

Los lenguajes de Nicolas Philibert.
La importancia del lenguaje en la formación del ser humano es de primer orden, indispensable para transmitir toda clase de conocimientos, ideas, afectos, pasiones, etc. Comunicarse, relacionarse con el medio, con los demás, esta es la tarea, el origen y el fin, lo de menos una vez que estamos instalados aquí en sociedad. Lenguaje oral, escrito, gestual, musical, afectivo, lúdico, meta lenguaje, hiper lenguaje, lenguaje matemático, lenguaje en todas las clasificaciones existentes y por venir. Y a pesar de tan grande clasificación, ¿son suficientes los lenguajes, que desarrollamos y supuestamente dominamos, para comunicarnos con los otros? Al comunicarnos, ¿realmente decimos lo que queremos decir? ¿Se nos presentan a todos las mismas circunstancias para acceder al lenguaje x o y? No, contestamos, pues esto no sólo lo demuestran las distintas lenguas que se hablan en el mundo, o el nivel informativo-descriptivo sobre el mismo lenguaje que éste o aquél utiliza, la tecnificación del mismo o su vulgarización, ni que decir del lenguaje de las periferias. No es suficiente, repetimos, ya que en el mismo trato diario, común y corriente, al momento de querer expresar algo, lo más sencillo, como pedir la hora o decirle a alguien que se le estima, nos encontramos con que la comunicación no funciona, no es el mismo sentido que nosotros le damos a las cosas que el que les da nuestro vecino, o el maestro de universidad, el enfermo mental excluido, la niña o el niño, tú o yo. En relación de estas problemáticas tan universales, de estos problemas del lenguaje, los documentales del director/filósofo Nicolas Philibert. Uno de ellos es “Lo de menos” ((
Carlos Rojas Mtz.

Paseos por las calles que revientan,
pues las cañerías ya no dan más
por entre edificios que hay que esquivar,
pues se nos vienen encima,
por entre hoscos rostros que nos escrutan y sentencian,
por entre establecimientos cerrados,
mercados cerrados,
cines cerrados,
parques cerrados,
cafeterías cerradas.
Exhibiendo a veces carteles (justificaciones) ya polvorientos,
CERRADO POR REFORMAS,
CERRADO POR REPARACIÓN.
¿Qué tipo de reparación?
¿Cuándo termina dicha reparación, dicha reforma?
¿Cuándo, por lo menos,
empezará?
Cerrado...cerrado...cerrado...
todo cerrado...
Llego, abro los innumerables candados, subo corriendo la improvisada escalera.
Ahí está, ella, aguardándome.
La descubro, retiro la lona y contemplo sus polvorientas y frías dimensiones.
Le quito el polvo y vuelvo a pasarle la mano.
Con pequeñas palmadas limpio su lomo, su base, sus costados.
Me siento, desesperado, feliz, a su lado, frente a ella,
paso las manos por su teclado, y, rápidamente, todo se pone en marcha.
El ta ta, el tintineo, la música comienza, poco a poco, ya más rápido
ahora, a toda velocidad.
Paredes, árboles, calles,
catedrales, rostros y playas,
celdas, mini celdas,
grandes celdas,
noche estrellada, pies
desnudos, pinares, nubes,
centenares, miles,
un millón de cotorras
taburetes y una enredadera.
Todo acude, todo llega, todos vienen.
Los muros se ensanchan, el techo desaparece y, naturalmente, flotas,
flotas, flotas arrancado, arrastrado,
elevado,
llevado, transportado, eternizado,
salvado, en aras, y,
por esa minúscula y constante cadencia,
por esa música,
por ese ta ta incesante.
reinaldo arenas.